Mayo, en otra parte del mundo.
El dolor de cabeza que llega como todos los días, vuelve. He probado con miles de medicamentos y no hay manera de que se me vaya. Muchas veces este dolor de cabeza llega como cinco veces al día, y es totalmente insoportable. Mamá dice que debe ser del cansancio y del sueño que debo tener ya que me acuesto tarde, pero yo sé que eso no es. Ignoro el tema del dolor de cabeza como todos los días y me abrocho los cordones de mis zapatillas deportivas. Hoy tenemos un torneo de vóley cerca de donde vivo. Me levanto y me dispongo a bajar las escaleras mientras me toco la cabeza intentando que se me pase de una vez el dolor. Mi madre me ve.
- ¿ Te sigue doliendo? - pregunta mi madre mientras cose el botón de una camisa vieja, estropeada.
- Si, estoy harto, la verdad.- digo en voz baja, casi un susurro.
- Te he dejado ahí dinero para el autobús para cuando vuelvas del partido.
- ¿ No vas a venir a por mí? - pregunto extrañado. Siempre lo hace.
- No, hoy tu padre y yo nos vamos de cena, así que llegaremos tarde.- contesta tranquila.
- Perfecto- digo no muy contento.- ¿ Y que me has dejado para cenar?
- Tienes dos pechugas en el frigorífico, háztelas y cómetelas.
- Vale, gracias- digo no muy contento.
Salgo de casa y espero a que mi padre saque el coche del garaje. Creo que hoy es uno de esos días que voy a llegar tarde, como siempre, la verdad. Hace tiempo casi me echan del equipo porque llegué una hora tarde y no tenían a nadie para que me sustituyera. A cambio tuve que ir todos los días por la tarde a entrenar. No se me hizo difícil, incluso me gustó.
Casi estamos llegando solo es un cuarto de hora en coche hasta llegar al pabellón deportivo. Hemos llegado.
- Bueno, pasároslo bien mamá y tú.
- Eso espero, y tu no te acuestes tarde.- me comenta un padre sonriendo.
- No creo, estoy cansadísimo.- contesto.
- Muchas suerte en el partido, Hugo.
- Gracias papá.
Cojo la bolsa del maletero y voy hacia dentro del pabellón.
Veo a Raúl y a Guille que están apoyados en la verja de la pista. Me dirijo hacia ellos.
Hablamos durante unos cinco minutos y paramos cuando llega el entrenador con el resto del equipo. Entonces empieza el partido.
Cuando acaba el partido, perdido en este caso, entramos a las duchas.
Por un momento había olvidado ese gran dolor de cabeza del que he hablado antes, pero nada, no se va.
Ya me he duchado y me despido de los demás y voy hacia la parada del autobús.
Allí una madre y una niña pequeña con unos grandes ojos verdes me mira, me mira intensamente. Incluso un escalofrío recorre todo mi cuerpo. La niña no sonríe.¿ Por qué me suena tanto? ¿ Por qué no para de mirarme? La niña como si me hubiera oído, se gira lentamente mientras una sonrisa menuda se dibuja en su rostro. Intento hacer como si no me ha afectado esa mirada. Tan cercana, tan especial, tan niña, tan perfecta. Como si la conociera desde hace bastante tiempo, como si fuera un sueño.
Ya lo había leído y me sigue gustando.
ResponderEliminarPerfecto, como siempre.